En resumen
Obligatorio desde el primer empleado, el documento de evaluación de riesgos laborales sigue siendo mal entendido en la construcción. Marco legal, riesgos propios de la obra, actualización y conservación: las buenas prácticas para una evaluación útil, no solo reglamentaria.
El DUERP: obligatorio desde el primer empleado
El documento único de evaluación de riesgos laborales (DUERP, en el derecho francés) recoge todos los riesgos a los que están expuestos sus empleados, obra por obra y puesto por puesto. Es obligatorio para todo empleador desde la contratación del primer empleado, en aplicación de los artículos L4121-3 y R4121-1 del Código de Trabajo francés.
No es un trámite de archivador. La evaluación debe desembocar en acciones concretas. Desde la ley del 2 de agosto de 2021, las empresas de al menos 50 empleados formalizan esas acciones en un PAPRIPACT (programa anual de prevención); las más pequeñas mantienen una lista de acciones de prevención consignada en el documento.
La ausencia de DUERP expone al empleador a una multa, pero sobre todo al riesgo de falta inexcusable en caso de accidente: un asunto mayor en un sector donde los siniestros graves siguen siendo frecuentes.
Los riesgos propios de la construcción que no hay que olvidar
La construcción concentra riesgos que la evaluación debe cubrir con precisión. Las caídas de altura siguen siendo la primera causa de accidentes graves y mortales del sector: andamios, cubiertas, huecos, escaleras. Después vienen las manipulaciones manuales, origen de numerosos trastornos musculoesqueléticos.
El riesgo químico suele subestimarse: amianto en la rehabilitación, sílice cristalina al cortar o lijar, polvo de madera, disolventes. A ello se suman el ruido, las vibraciones, el riesgo eléctrico, la circulación de maquinaria y la coactividad, es decir, la presencia simultánea de varios oficios en una misma obra.
Para cada riesgo, la evaluación cruza la gravedad y la probabilidad para priorizar. El OPPBTP y su Carsat publican herramientas sectoriales para no olvidar nada.
Evaluar, priorizar, actuar: el método
Una evaluación útil sigue una lógica sencilla. Se empieza dividiendo la empresa en unidades de trabajo: por oficio, por tipo de obra o por puesto. Para cada una se identifican los peligros y luego se valora el riesgo según su gravedad y su frecuencia de exposición.
Esa valoración sirve para priorizar. No tiene sentido tratarlo todo a la vez: se empieza por los riesgos más graves y más probables. A cada riesgo prioritario le corresponde una acción: protección colectiva primero (barandillas, aspiración en origen), equipo de protección individual después, formación y organización al final.
El comité social y económico (CSE), cuando existe, participa en la elaboración y las actualizaciones. Implicar a los operarios en el proceso mejora notablemente la calidad de la evaluación: son ellos quienes conocen los gestos reales del oficio.
Actualización y conservación: lo que dice la ley
La evaluación se actualiza al menos una vez al año en las empresas de once o más empleados, y cada vez que se produce un cambio importante: una nueva obra con un perfil distinto, nuevo equipamiento, un nuevo procedimiento o tras un accidente de trabajo.
La ley de 2021 reforzó la trazabilidad. El documento y sus versiones sucesivas deben conservarse durante al menos 40 años, para guardar memoria de las exposiciones, algo esencial para los riesgos de efecto diferido como el amianto. Se prevé un depósito digital en un portal nacional, desplegado de forma progresiva según el tamaño de las empresas.
En la práctica, la mejor evaluación no es la más gruesa: es la que vive. Fechada, compartida con los equipos y vinculada a acciones con seguimiento, protege a sus empleados tanto como a su propia responsabilidad.
Equipo Constrigo
Expertos en software y gestión de la construcción — explicamos la normativa y las buenas prácticas.
